viernes, 4 de febrero de 2011

Una vergüenza imperdonable

Un olvido del dos mil diez que arrastro este año: tomar nota sobre los doscientos años del inicio de la independencia en América Latina. Tema complejo y escabroso, abierto a mil y una interpretaciones y trasiegos. Es también un amor olvidado. América Latina fue la especialización que cursé para graduarme de Historia en el ya lejano 1989. Vergüenza, olvido, amor –vestigios compartidos.

sábado, 8 de enero de 2011


Con el año 2010 quedaron también atrás algunos proyectos que pretendieron ser homenajes a aniversarios cerrados que se conmemoraron durante esos doce meses. El doscientos aniversario de Federico Chopin. Su música quisiera fuera parte de la eternidad, así con Bach como con Beethoven –de la eternidad que me convoca; el delicado lirismo, la fragilidad de las notas, la cotidiana belleza. Entre los papeles de la abuela había alguna referencia a Chopin por el romanticismo. Quise dedicarle mi homenaje a Chopin a mi padre: le di vueltas y nunca pasé del primer movimiento.
[Sonata [inconclusa] en cuatro movimientos para Chopin
I
Una tarde de sábado mi padre me llevo a un recién inaugurado cine en la calle Galeano esquina a Neptuno, o casi esquina a Neptuno con nombre aborigen, de batalla y río, el Jigue. Debe haber sido esa una de las últimas salidas sabatinas que acostumbrábamos hacer mi padre y yo –siempre que volvía a ese cine me parecía verlo, retraído, lejano. En ese momento era el mejor cine de la ciudad: el de mejor acústica y visualidad; al lado tenía una cafetería de auto-servicio muy de moda en la ciudad por aquellos años y que servía delicatesen muy difíciles de encontrar en otro lugar. Creo que fuimos a ver la segunda película que estrenaban en ese cine –la primera fue La cera virgen o El monumento-, una biografía de Chopin, Canción inolvidable, que me conmovió mucho. No tenía ni por tradición ni entorno familiar nada que ver con el mundo de la "alta cultura", sin embargo sentía un atractivo extraordinario por el tipo de novelas y películas que narraban el itinerario biográfico de alguien. Nunca más he vuelto a ver ese filme. No fue hasta hace muy poco que supe se trata de una producción de 1945 con Cornel Wilde en el papel protagónico. Además del elemento biográfico, descriptivo –era un lector compulsivo de Dickens y Balzac en aquellos momentos-, la película me impactó por el romanticismo heroico: Chopin tocando apasionadamente una de sus polonaises y las gotas de sangre cayendo sobre el teclado blanco, anunciando su muerte. Además, la música, romántica, lírica por naturaleza, caracterizada por su originalidad, audacia armónica, ritmo y belleza poética. Ese sábado, esa película han quedado (son) marcas imborrable en mi memoria afectiva.


Estuvo también el cien aniversario de José Lezama Lima. Me aventuré de nuevo por sus páginas paradisíacas y de nuevo la insoportable pesadez de la escritura me devolvió como hijo ingrato, que no pródigo, de una de las mayores aventuras literarias de todos los tiempos. Creo que nadie se arriesgará como él para redactar una de las mayores sinfonías verbales escritas bajo el tórrido sol caribeño. A él, a su poesía, a su inmenso saber y amor a lo cubano, se le deben un recogido respeto, lecturas sin mojigaterías.


Otros cien años, esta vez a Samuel Langhorne Clemens. Cómo olvidar a Tom Sawyer y Huckelberry Finn y sus aventuras en el Mississippi. Las tardes y las mañanas en la Biblioteca Nacional "José Martí", sus salones espaciosos, la sensación de quietud, la virtud del sitio en que tan bien se estaba. Mark Twain encarna, con una honestidad a prueba de tiempo, el mejor espíritu de la nación norteamericana – el hombre que se levanta desde la naturaleza brava y consigue domeñarla a fuerza de trabajo e inteligencia, el hombre desposeído de toda trascendencia que no se arraigue en la tierra y que, como ella, se destruya a sí misma para transformarse y volver a destruirse. Este último verano visité su casa en Hartford, Connecticut. Me traje unas piedras que con seguridad no pisó. Su casa es un testimonio del hombre, inmensa y sin lujos, o con un lujo pasado por el secular gusto de quien piensa que el refinamiento es impertinente. La casa contigua a la de Mark Twain pertenecía a la de la escritora Harriet Beecher Stowe y allí me preguntaba cómo habría sido la vida de estos dos vecinos entrelazados por la escritura y las preocupaciones sociales de su tiempo. Compré allí, los diarios de Adán y Eva; los comencé a leer y sentí la desolación de quien vislumbra la fe pero no es invitado al banquete.


Imperceptiblemente, como la velocidad que lo mató, Albert Camus lleva bajo tierra cincuenta años. El escritor que me descubrió Amsterdam y París y los judíos y la ambigüedad de la condición humana al mismo tiempo. Por él, por Camus me aficioné a la lectura de periódicos y a fumar cigarrillos mientras los leo. No puedo evitar esa confluencia moderna.


Y Velázquez, que muriera trescientos cincuenta años atrás; la escena de la crucifixión más creíble que he visto; la vi en el museo de El Prado hace ya diez años, y me conmovió hasta las entrañas, verlo así y recitar, que no rezar, el soneto más alto de la poesía religiosa en español:
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


Y, por último, Boris Pasternak, a cincuenta años de su muerte, como si no hubiera estado muerto mucho tiempo antes. Pasternak, el triste, el hacedor de un verso irrevocable en su dolor y en su factura: "Yo no merecía el olvido de mi patria." Quisiera hacer este verso mío pero un puedo. Mentiría. Tantas cosas en el tintero…

sábado, 18 de diciembre de 2010

De vuelta

de la idas y venidas

de las noches

magnánimas

insolentes

Con tu bata blanca

tu cuerpo pintado en la pantalla

tus dedos sobre mi cara

y la pálida luz del retrete

que se refleja en la ventana

Como la bruma

tu respiración

acuosa

repite el gemido de la diosa

Tu cuerpo entero

reposando

en el costado inerte de la puerta que no se abre

La lectura que molesta

como la luz

de la pantalla

Asaeteado

por tus palabras

pierdo la voz

viernes, 10 de diciembre de 2010

RITUALES EN LA HABANA


 

Himnus

A veces me veo pasear por Venecia

Filigrana de aguas que se filtran

Por los entresijos de una memoria falsa.

A veces me veo pasear por La Habana

Frio de madrugada

La ancha alameda de Paula

Fragmentos de una memoria patria.


 

Veo a mis padres desnudos

Desandar sus magros cuerpos

Veo a los presos del tiempo

Caminar sin asideros.


 

Me figuro, a veces, trémulo

Solo

Leyendo tranquilamente

Escuchando quedamente

Algunos versos antiguos

Alguna trova moderna.


 

Recuerdo de niño la Iglesia

Cifra y sueño

Los amigos

La tranquila felicidad de los mediodías de domingo

La blanca hostia

El tabernáculo.

Me miro y no me veo.

Me oigo y no me escucho.

No me reconozco.


 

Ayer en la iglesia ortodoxa de mi nuevo barrio

Olí el incienso

Me persigné a la inversa

Recité en un disparatado ruso la liturgia

Los mementos

Las salutaciones

Me transfiguré

Y

Por un momento

Me sentí en la tierra.


 

Lectio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Ay de aquellos que son felices, porque son normales, porque no han tenido desdichas y le fueron dadas las cosas que no le pertenecían. Ay de aquellos que en tiempos difíciles le vinieron las palabras a las manos y las manos a los bolsillos. Ay de aquellos que no supieron ser padres y copularon; de los otros que juzgaron con venialidad, la banalidad ajena; los que no vieron sus ojos en la paja ajena y pudieron ver los ojos ajenos en su propia paja. Ay de aquellos que construyen sus casas sobre las cálidas y seguras remembranzas, abortando el presente, hipotecando el futuro. Ay de los fieles a sus tímidas verdades, los amantes del alboroto y del ruido, los que odian el reposo y temen a la muerte." También les dijo: "Felices los que saben de sus mentiras y viven acoquinados por ellas. Felices los que por intentar la verdad, saben de la incertidumbre y la aceptan, y la hacen su brújula. Felices los bipolares, porque de ellos será el reino el equilibrio. Ellos que están entre el cielo y el aire, y podrán disfrutar un día de lo impar." Sus discípulos se fueron muy tristes.


 

Canticles

Si vuelvo que no sea así

Quisiera que otro cuerpo me acompañara

Un alma menos maltrecha

Más rabia contra mí mismo

Menos complacencia con el sol.

Oh! diosito menos semejanza, más imagen.


 

Si vuelvo que sea para enterrar

El cuerpo dentro del alma

Derramar gotas de rocío

Ser rio

Montana

Camino que conduzca

Al monte

A la tibia yerba verde de la tarde.

Oh! diosito menos semejanza, más imagen.


 

Si vuelvo que sea para cantar

Con voz prestada

Con guitarra de cuerdas gastadas

En arpegios sudados

Los dedos ennegrecidos

De tanta vergüenza.

Oh! diosito menos semejanza, más imagen.


 

Si vuelvo

Que dios no lo quiera

Si vuelvo

Si dios quiere

Que sea agua

Que se escurra

Me ahogue.

Oh! diosito menos semejanza, más imagen.


 

Oremus

Quien te haya conocido, Señor

No puede apartar los ojos

De las calles recorridas juntos.

Recuerdo ahora los muchos caminos

De la ciudad

La avenida de la Infanta

Los callejones

El pequeño lugar sentimental donde

Besé la primera mujer

Que era una niña

Despeinada

Y dije, Amén.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Transliteraciones

La ciudad [variaciones como fugas sobre un poema de Cavafis]


 

Dije: "Me iré de la ciudad a otra con otro mar enfrente
Una en que mis huesos y mi carne encuentren sosiego."
Cada vez que intento comenzar

Acabo sepultado como corazón

Que busca su cadáver.
Aliento mío ¿hasta cuándo permaneceré atrapado
Dentro de mi propia mirada, dentro de mis propios ojos?
Desde esos ojos veo el pasado en ruinas
El pasado de todo y

Las circunstancias de ese pasado.
Busco una nueva ciudad que no hallaré.
La antigua me persigue. Me persiguen
Las calles y el barrio
La casa sin portal
donde vi envejecer

A mi padre en unas pocas horas.
Siempre estará la casa, allí, vacía

Sus estancias vacías, sus ventanas
vacías frente al mar.

Allí donde comenzó lo que después se arruinaría.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Written Under Influence


 

I

pensando en tí, celosía mía.


 


 

II

algarabía

ruidos fofos

manos sueltas

palmotean

hacen ruido

parlotear

una lengua se proyecta

vivaracha

coqueta

arpegio del caracol

colillas

restos de alcohol

mesa en el centro

se mueven los pies

contonean la cintura

¿dónde estamos?

¡qué bien se está aquí!

algazara

carnes maceradas

nihil obstat

se acaba el mundo

una vueltecita más a la rosca

teatro

corridas las cortinas

butacas vacías

desorden

silencio

solo

quedo

mustio

Viene, viene

la tristeza con cara de payaso

solo

de pie

en el centro del blanco

taciturno

bebo café

y me duermo.


 


 

III

Sé -y me consta

que he entregado

la utopía,

que he escrito

-con frío y a destiempo

páginas muy breves

broqueladas en el llanto.


 

Siento no haber vivido a la intemperie

guardarme

de un catarro

de un recuerdo


 

Ahora bien

no se diga la

última palabra

hasta tanto

no haya

amanecido.


 


 

IV

En el espejo ocular

noche sabia

oscura densidad de lo ido

brusca cavidad

que es olvido

asesinato

de uno mismo.


 

Muéveme el verme

desencajado

por lo tibio.


 

Desnudo tiro del ombligo

me río de mí mismo.

Consagro con mis manos el vacío

de ver retratado sólo lo que existe

(entre lo tenue y lo desapercibido)

en un hoyo

una grieta

una herida.


 


 

V

Los hombres finiseculares

se bajan los pantalones

para mostrar las bajezas

lo torpe que han sido

en la mañana.


 

Los escritores de hoy

se suben la portañuela

para intentar ocultar

lo que no existe.

viernes, 12 de noviembre de 2010

pascalianas

Ayer me sucedió esto mientras tomaba café y fumaba a la sombra de unos toldos muy sucios: "Se acercó alguien y con un tono de voz a mitad de camino entre el suspiro y la conspiración, me preguntó, Usted es Fulano de tal? y me tendió su mano que era como su rostro –pálida, alargada, huesuda, sudorosa, una mano que no se quiere estrechar, uno rostro que no se quiere ver. Pero ahí estaba su mano, y su rostro, delante de mí, impaciente, con el sudor que la impaciencia produce en los cuerpos. Le dije si, soy el que dices y tendí mi mano hacia su rostro que era como su mano -me esquivó y se persignó entre alelado y penitencial."

Kafka, Diarios (1920)

Del cuaderno en que Franz Kafka registraba sus impresiones diarias, los apuntes tomados en 1920 que lograron sobrevivir a la voluntad de d...