Thursday, October 19, 2017

Apuntes litúrgicos (8)

Nota: En mi octavo "apunte litúrgico" he querido honrar al teólogo jesuita Karl Rahner que dedicó mucho de su "rutina diaria" a pensar a Dios, a reflexionar sobre Él, a escribir sobre esas cosas que otros estiman "una tremenda estupidez" o, más prudentemente, "una insensatez". A pesar de mis "juegos" con lo litúrgico, de querer "secularizar la liturgia", la mía personal es de signos cristianos y música sacra, de catedrales e iglesias parroquiales. Otras tradiciones litúrgicas, otros signos, otras músicas, asoman a mi sensibilidad y a mi percepción religiosa. Me son entrañables pero periféricas. La litúrgico no trata de la fe, sino de lo religioso—la fe, la certeza que se tiene de que la muerte es el comienzo y no el final, corresponde al espacio de lo más íntimo, dilucidar. Al final, la teología nos enseña que la fe es un don, un regalo—ningún esfuerzo intelectual, la procura, ninguna filosofía, sólo la gracia. Me esforcé en escribir unos "apuntes" que no fluyeron, porque no nacieron de lo verdadero, de lo que soy, sino de lo que quisiera ser, o de lo que he tratado de ser. Encontrarse con uno mismo es el estilo.
Este texto apareció, originalmente en alemán y fue traducido por otro jesuita, James M. Demske, S.J. en 1966, al inglés para los lectores en esa lengua. Desconozco si existe una traducción al español. Esta es una traducción de otra, y como todas las traducciones es un atrevimiento con la lengua y con el pensamiento del autor y, en este caso, con la del traductor primero. Con este texto, que es una oración, quiero cerrar un ciclo que intentó, infructuosamente, reflexionar con calidez y cercanía sobre un asunto tan del alma.
El Dios de mi rutina diaria
Karl Rhaner
Desearía, Señor, traer la rutina de mi vida delante de Ti, para hablarte sobre los largos días y las tediosas horas que están llenos de todo lo que no eres Tú.
Mira esta rutina, oh Dios de Bondad. Míranos a nosotros, los hombres, que no somos nada más que eso, rutina. En Tu amorosa misericordia, mira mi alma que parece un camino con una interminable y densa fila de refugiados desaliñados, un camino bombardeado por innumerables trivialidades, conversaciones vacías, actividad inútil, curiosidad vacua y ridículas pretensiones de importancia.
Cuando todo esto se presenta delante de Ti y de Tu Verdad infalible, ¿no se parece mi alma a un mercado donde vendedores de artículos usados, de todos los rincones del mundo, se reúnen para vender las gastadas riquezas de este mundo? ¿No es como un bazar ruidoso donde el resto de la humanidad y yo exhibimos nuestras baratijas a multitudes impacientes y aniquiladas?
Hace muchos años, cuando era un niño y en la escuela me conocían con el sobrenombre del "filósofo", aprendí que el alma es, de alguna manera, la totalidad. Oh, Dios, ¡cómo ha cambiado el significado de esa frase solemne! Qué diferente me suena ahora, cuando mi alma se ha convertido en un enorme almacén donde, día tras día, se descargan mercancías sin ningún cuidado, indiscriminadamente, amontonadas sin orden alguno, en cada rincón y espacio disponible, hasta que se lleno de arriba a abajo con lo banal, lo común, lo insignificante, lo rutinario.
¿Qué será de mí, mi Dios querido, si continúo viviendo de esta manera? ¿Qué ocurrirá cuando todas esas mercancías se retiren, de repente, del almacén? ¿Cómo me sentiré en la hora de mi muerte? Entonces, no habrá más "rutina diaria"; entonces, de pronto, seré abandonado por todas las cosas que ahora llenan mis días aquí en la tierra.
¿Qué será de mí a esa hora, cuando no sea otra cosa que yo mismo y nada más? Mi vida no habrá sido otra cosa que la rutina diaria del negocio y la actividad, un desierto lleno de sonidos vacíos y furia sin sentido. Pero cuando el pesado peso de la muerte caiga un día sobre mi vida y trate de sacar las cosas verdaderas y duraderas de todos estos muchos días y largos años, ¿cuál será el resultado final?
Tal vez, a la hora del juicio final, en el momento de la gran desilusión cuando esta reemplace la gran ilusión que he mantenido durante mi vida terrenal, desperdiciada miserablemente, tal vez entonces, oh Dios, si eres misericordioso conmigo, el verdadero resultado de mi falsa vida sólo sean unos pocos benditos momentos, convertidos en luminosos y vivos por Tu gracia. Tal vez, entonces, veré los pocos, y preciosos, instantes en que la gracia de Tu Amor logró subrepticiamente instalarse en un oscuro rincón de mi vida, entre las innumerables nimiedades que llenan mi rutina diaria.
¿Cómo pudiera redimir a este miserable y rutinario ser? ¿Cómo pudiera dirigirme hacia lo único que es realmente necesario, Tú? ¿Cómo pudiera escapar de la prisión que es esta rutina? ¿No me has comprometido a ello? ¿Y no soy un exiliado desde el momento en que me di cuenta que mi verdadera vida debía estar dirigida hacia Ti? ¿No estaba ya profundamente atrapado en la mezquindad de los quehaceres cotidianos, cuando me di cuenta de que no debía permitir que el peso de la rutina terrenal me sofocara?
¿No eres mi Creador? ¿No me has hecho un ser humano? ¿Y qué es un hombre sino un ser insuficiente, que conoce su propia insuficiencia, de modo que anhela, natural y necesariamente, Tu Infinito? ¿Qué es un hombre sino un ser que debe seguir el impulso de correr hacia Tus lejanas estrellas, que debe mantenerse en ese camino hasta que haya transitado por todas las calles y caminos de este mundo, sólo para al final, volver a ver Tus estrellas siguiendo su ordenado y sereno curso, tan lejos como siempre?
Incluso, si tratara de escaparme de mi rutina haciéndome cartujo, de modo que no tendría otra cosa que hacer que dedicar mis días a la adoración silenciosa de Tu santa presencia, ¿resolvería eso mi problema? ¿Realmente eso me sacaría de mi rutina?
Me temo que no, ya que ni siquiera las cosas sagradas que hago están libres del polvo corrosivo de este espíritu de rutina. Cuando pienso en las horas que he pasado, sirviendo, en tu santo altar, o rezando la oración oficial de tu iglesia en mi breviario, entonces me queda claro que soy yo mismo responsable de hacer mi vida tan monótona. No son las cosas del mundo las que hacen mis días aburridos e insignificantes—yo mismo he cavado mi tumba. Con mi propia actitud puedo transformar los eventos más sagrados en algo gris y aburrido. Los días no son los que me aburren, es al contario.
Por eso veo con claridad que si hay alguna vereda que pueda usar para acercarme a Ti, debe estar en lo más profundo de mi vida cotidiana. Si tratara de ir hacia Ti por cualquier otro camino, en realidad estaría dejando mi propio ser detrás, y eso, además de ser absolutamente imposible, no lograría nada en absoluto.
 ¿Existe algún camino en mi vida diaria que me lleve a Ti? ¿No me aleja de Ti? ¿No me sumerge aún más profundamente en el ruido de la actividad mundana, donde tú, Dios de la quietud, no habitas?
Lentamente nos cansamos de toda esa actividad enfebrecida que es tan importante para los jóvenes. Sé que el taedium vitae, del que hablan los filósofos, y el sentimiento de saciedad con la vida, que Tu Escritura señala como la última experiencia terrenal de Tus patriarcas, también se convertirá cada vez más en mi propia suerte. Mi rutina diaria se convertirá, automáticamente, en la gran melancolía de la vida, dirigiéndome indirectamente hacia Ti, la contrapartida infinita de este vacío terrenal.
Pero no tengo que ser un cristiano para saber eso, ¿no experimentan esta también los paganos? ¿Es así como mi vida cotidiana se supone que me lleve a ti? ¿Busco Tu presencia sólo porque esta vida me ha revelado su verdadero rostro, reconociendo que, al final, todo es vanidad, todo es miseria?
¿No es este el camino a la desesperación más que el camino hacia Ti? ¿Acaso no es esta la victoria suprema de la rutina, cuando el corazón exhausto de un hombre ya no encuentra el menor gozo en las cosas que antes le daban alivio, cuando incluso las cosas simples de la vida ordinaria, que él solía invocar para lo ayudaran durante los períodos de aburrimiento y vacuidad, ahora se han vuelto insípidas para él?
¿Un corazón cansado y desilusionado está más cercano a ti que uno joven y feliz? ¿Dónde pudiéramos esperar encontrarte si ni nuestras alegrías sencillas ni las penas ordinarias logran revelarnos Tu rostro? De hecho, nuestros placeres cotidianos parecen haber sido diseñados para que nos olvidemos de ti y nuestras desilusiones diarias no mejoran esa realidad, sino que hacen que nuestro corazón se amargue de tal manera que pareciera que perdemos cualquier talento que hayamos tenido para descubrirte.
Oh Dios, pareciera que pudiéramos perderte en medio de todo lo que hacemos. Ni siquiera la oración, ni el Santo Sacrificio, ni la quietud del claustro, ni siquiera la desilusión con la vida misma pueden salvaguardarnos completamente de este peligro. Y así, nos queda claro que incluso estas cosas sagradas, no rutinarias, pertenecen, en última instancia, a nuestra propia rutina. Es evidente que lo rutinario no es sólo una parte de mi vida, ni siquiera la mayor parte de ella, sino toda ella. Cada día es "todos los días". Todo lo que hago es rutinario, porque todo me puede apartar de la única cosa que realmente necesito, que eres Tú, mi Dios.
Pero, por otro lado, si es verdad que puedo perderte en todo, también es cierto que puedo encontrarte en todo. Si no me has dado ni un solo lugar al que pueda ir y encontrarte, si todo lo que hago significa que te pierdo, entonces seré capaz de encontrarte en todos los lugares y en todas las cosas. De lo contrario, no podría encontrarte en absoluto, y esto es imposible, ya que no puedo existir sin ti. Así debo buscarte en todas las cosas. Si cada día es "todos los días", entonces cada día es Tu día y cada hora es la hora de Tu gracia.
Todo es la suma de "todos los días" y de Tu día. Y así, Dios mío, entiendo lo que siempre he sabido. Una verdad ha renacido en mi corazón, algo que mi razón me dice con frecuencia—¿de qué vale la verdad de la razón cuando no ésta no es también la vida del corazón?
Una y otra vez debo sacar el viejo cuaderno en el que anoté ese breve, pero esencial pasaje de Jan van Ruysbroeck hace muchos años. Debo releerlo con frecuencia para que mi corazón lo vuelva a comprender. Me consuelo en conocer cómo este hombre, verdaderamente piadoso, sentía su propia vida. Y el hecho de que todavía ame estas palabras después de tantos años de rutina es para mí como una promesa, sagrada, de que un día también bendecirás mis acciones ordinarias.
Dios viene a nosotros continuamente, tanto directa como indirectamente. Nos exige tanto trabajo como placer y la voluntad que no debe ser obstáculo, sino más bien refuerzo, hacia el otro. De esa manera, el hombre espiritual posee su vida tanto en la actividad como en el descanso. Así él es todo e indiviso, porque él está gozosa y completamente en Dios cuando descansa y cuando activamente ama.
El hombre espiritual es constantemente desafiado y amonestado por Dios para que se renueve tanto en su descanso como en su trabajo. Así encuentra la justicia y así hace su camino hacia Dios, con amor sincero y obras duraderas. Él entra en Dios por medio de la placentera tendencia al descanso eterno. Y mientras permanezca en Dios, seguirá mostrándose a todas las criaturas con un amor abarcador, en justicia y virtud. Y esa es la etapa más alta de la vida espiritual.
Aquellos que no hayan hecho del descanso y del trabajo una misma cosa, todavía no han alcanzado esta experiencia. Ningún hombre puede evitar su memoria espiritual, porque lo recuerda todo, tanto el placer como la actividad. Es como un espejo doble que refleja una imagen a ambos lados del mismo. En la parte elevada de su espíritu recibe a Dios con todos sus dones; en la inferior, las imágenes del cuerpo a través de sus sentidos...
Debo aprender a tener "todos los días" y Tu día al mismo tiempo. Cuando me dedico a las obras del mundo, debo aprender a entregarme a ti, a poseerte a Ti, lo Uno y el Todo que está en todas las cosas. Pero ¿cómo? Sólo a través de Ti, oh Dios. Sólo con Tu ayuda puedo ser un hombre "espiritual" en medio de mis muchas, y diversas, tareas diarias. Sólo Contigo puedo lograr estar junto a Ti cuando estoy con las cosas del mundo.
Ni la ansiedad ni el no-ser, ni siquiera la muerte, pueden rescatarme de estar perdido en las cosas del mundo. Los filósofos modernos no pueden salvarme—sólo Tu amor puede salvarme, el amor de Ti, que eres la meta que atrae todas las cosas. Sólo Tú eres cumplimiento y saciedad, Tú, que eres suficiente para ti mismo. Es sólo el amor de Ti, Dios infinito, el que atraviesa el corazón mismo de todas las cosas, y al mismo tiempo que las trasciendes a todas, las elevas hasta lo infinito de Tu Ser, transformando todas las cosas perdidas de la tierra en un himno de alabanza a Tu Infinito.
Ante Ti, toda multiplicidad se transforma en unicidad; en Ti, todo lo desparramado es recogido; en Tu Amor todo lo que es mera superficialidad, se hace verdadero y genuino. En Tu Amor, toda la distracción de las tareas del día, regresa a la noche de Tu unidad, que es la vida eterna.
Este amor, que permite que mi cotidianidad que es pura rutina se transforme en un regreso a Ti, solo lo puedes dar Tu. ¿Qué debo decirte ahora que vengo a presentarte mi cotidianidad? Sólo una cosa pido, el regalo, que es a un mismo tiempo el más ordinario y el más extraordinario, de la gracia de Tu Amor.

Toca mi corazón con esta gracia, oh Señor. Cuando la alegría o la tristeza por las cosas de este mundo me afectan, concédeme que a través de ellas pueda conocer y amarte a Ti, su Creador y destino final. Tú que eres el Amor mismo, dame la gracia del amor, de Ti mismo, para que todos mis días puedan finalmente confundirse con el único día de Tu Vida eterna.

Wednesday, October 4, 2017

Apuntes litúrgicos (7)

La decisión del cardenal Bergoglio de cambiar su nombre a Francisco una vez que fuera elegido obispo de Roma, primado de la Iglesia Católica, cifra un símbolo, un método y un proyecto—su misma elección es un signo de los tiempos, expresión cara a su predecesor, Juan XXII. Bergoglio, es el primer pontífice que viene del mundo periférico, y quiere significar con el nombre de Francisco la necesidad de renovación de la iglesia, el servicio de los más desfavorecidos como programa para el desarrollo y la paz entre las naciones como finalidad de la historia humana.
San Francisco es figura en la que se encuentran creyentes de diversas tradiciones y prácticas religiosas, no creyentes, agnósticos—es alguien que convoca, poco o nada discutido, aceptado, reconocido por muchos como un alter Christus. Hoy es su fiesta, según el calendario litúrgico católico romano. Francisco se opuso al mundo—voluntariamente se desplazó desde la riqueza a la pobreza, desde la fama hasta el anonimato, de ser figura central a hacerse a un lado, no fue ni siquiera sacerdote y ahora el papa requiere su nombre, ni superior de la orden que fundara. Eligió la pobreza y escribió un himno en el que lo natural y lo sobrenatural aparecen machihembrados, como de una misma hechura, en pleno medioevo usó la lengua de todos y cantó a los astros, los animales y la muerte como presencias de la existencia humana auspiciada por la mano de Dios, el ignoto.
Ezra Pound tradujo el texto franciscano y produjo la mejor versión de él, versión que incluyera en su primer libro de prosa crítica en 1910. El colombiano Nicolás Naranjo Boza estudia esta traducción de Pound y de ese estudio entresaco tres versiones del cántico de Francisco: la versión que aparece en la biografía del santo escrita por Paul Sabatier y publicada en 1905 que, según Naranjo Boza, es la que leyera Ezra Pound cuando trabajaba en su traducción y versión del mismo; la versión que hiciera el mismo Naranjo Boza, quien admite que "ha realizado la [...] versión española tratando de conservar la métrica, la rima, las palabras originales y el modo de articularlas."; y la traducción del mismo Ezra Pound. Un homenaje personal al santo de todos, una mirada a Dios desde la poesía y los poetas; otro apunte litúrgico, en esta ocasión de alabanza y verso como recuerdo de quien descubriera a Dios en lo sencillez de lo ordinario y de los más pobres.
Incipit Laudes Creaturum
quas fecit beatus Franciscus ad laudem et honorem Dei
cum esset infirmus ad Sanctum Damianum
Altissimu, onnipotente, bon signore,
tue so le laude la gloria e l’onore et onne benedictione.
   Ad te sole, altissimo, se konfano
et nullu homo ene dignu te mentovare.
   Laudato sie, mi signore, cum tucte le tue creature
spetialmente messor lo frate sole,
lo quale jorna, et illumini per lui;
   Et ellu è bellu e radiante cum grande splendore;
de te, altissimo, porta significatione.
   Laudato si, mi signore, per sora luna e le stelle,
in celu l’ài formate clarite et pretiose et belle.
   Laudato si, mi signore, per frate vento
et per aere et nubilo et sereno et onne tempo,
per le quale a le tue creature dai sustentamento.
    Laudato si, mi signore, per sor acqua,
la quale è multo utile et humele et pretiosa et casta.
   Laudato si, mi signore, per frate focu,
per lo quale ennallumini la nocte,
ed ello è bello et jucundo et robustoso et forte.
   Laudato si, mi signore, per sora nostra matre terra,
la quale ne sustenta et governa
et produce diversi fructi con colorite flori et herba.
   Laudato si, mi signore, per quilli ke perdonano per
lo tuo amore
et sostengo infirmitate et tribulatione.
beati quilli ke sosterrano in pace,
ka da te, altissimo, sirano incoronati.
   Laudato si, mi signore, per sora nostra morte corporale,
de la quale nullu homo vivente po skappare:
guai a quilli ke morrano ne le peccata mortali;
beati quilli ke se trovarà ne le tue sanctissime voluntati,
ka la morte secunda nol farrà male.
     Laudate et benedicete mi signore et rengratiate
et serviteli cum grande humilitate

Traducción de Naranjo Boza del cántico reproducido en el libro de Sabatier
El Laude las criaturas que realizó el beato Francisco
en laude y honor de Dios cuando estaba enfermo en San Damián
Altísimo, omnipotente, buen Señor
tuyos son los laudes, la gloria, el honor y todas las bendiciones.
A tí solo Altísimo te convienen,
y ningún hombre es digno de mencionarte.
Loado seas, mi señor, con todas las tu criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual trae el día y nos ilumina por tí.
Y él es bello y radiante con gran esplendor;
de tí, altísimo, porta el significado.
Loado seas, mi señor, por hermana luna y las estrellas;
en el cielo las has formado claritas, preciosas y bellas.
Loado seas, mi señor, por hermano viento
y por aire y nuboso y sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sostenimiento.
Loado seas, mi señor, por hermana agua,
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.
Loado seas, mi señor, por hermano fuego,
con el cual iluminas la noche,
y él es bello y jocundo y robusto y fuerte.
Loado seas, mi señor, por hermana nuestra Madre Tierra,
la cual nos sustenta y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.
Loado seas, mi señor, por aquel que perdona por el tu amor,
y se sostiene en enfermedades y tribulaciones.
Benditos aquellos que soportan en paz,
pues de tí altísimo, serán coronados.
Loado seas, mi señor, por la hermana nuestra muerte corporal,
de la que ningún hombre viviente puede escaparse;
¡Dolor para aquellos que mueran en el pecado mortal!;
Bendito aquel que se encuentra en la tu santísima voluntad,
pues la muerte segunda no le hará mal.
Load y bendecid a mi señor, y dadle gracias
y servidle con gran humildad

Traducción de Ezra Pound del cántico reproducido en el libro de Sabatier
Most high Signor,
Yours are the praises,
The glory and the honours,
And to you alone must be accorded
All graciousness; and no man there is
Who is worthy to name you.
Be praisèd, O God, and be exalted,
My Lord, of all creatures,
And in especial of the most high Sun
Which is your creature, O Lord, that makes clear
The day and illumines it,
Whence by its fairness and its splendour
It is become thy face;
And of the white moon (be praisèd, O Lord)
And of the wandering stars,
Created by you in the heaven
So brilliant and so fair.
Praisèd be my Signor, by the flame
Whereby night groweth illumined
In the midst of its darkness,
For it is resplendent,
Is joyous, fair, eager; is mighty.
Praisèd be my Signor, of the air,
Of the winds, of the clear sky,
And of the cloudy, praisèd
Of all seasons whereby
Live all these creatures
Of lower order.
Praised be my Lord
By our sister the water,
Element meetest for man,
Humble and chaste in its clearness.
Praisèd be the Lord by our mother
The Earth that sustaineth,
That feeds, that produceth
Multitudinous grasses
And flowers and fruitage.
Praisèd be my Signor, by those
Who grant pardons through his love,
Enduring their travail in patience
And their infirmity with joy of the spirit.
Praisèd be my Signor by death corporal
Whence escapeth not any one living.
Woe to those that die in mutual transgression
And blessed are they who shall
Find in death’s hour thy grace that doth come
From obedience unto thy holy will,
Wherethrough they shall never see
The pain of the death eternal.
Praise and give grace to my Lord,
Be grateful and serve him
In humbleness e’en as ye owe. Praise him all creatures!

No me resisto a transcribir la versión de Pound del cántico como homenaje al poverello y, en estos patéticos momentos, para the troubled America. Quien tenga ojos para leer, que lea.
The thought of what America would be like 
If the Classics had a wide circulation 
                      Troubles my sleep, 
The thought of what America, 
The thought of what America, 
The thought of what America would be like 
If the Classics had a wide circulation 
                      Troubles my sleep. 
Nunc dimittis, now lettest thou thy servant, 
Now lettest thou thy servant 
                      Depart in peace. 
The thought of what America, 
The thought of what America, 
The thought of what America would be like 
If the Classics had a wide circulation . . . 
                      Oh well! 

-->
                      It troubles my sleep.